Efecto del humor y la risa sobre el organismo

 

Se ha demostrado que el estrés origina cambios fisiológicos perjudiciales. La conexión entre el estrés y la hipertensión arterial, la tensión muscular la inmunosupresión y muchos otros cambios (Berk, 1989) se conoce desde hace años.

 

Actualmente, disponemos de pruebas que demuestran que la risa provoca los efectos opuestos. Parece ser el perfecto antídoto contra el estrés (Wooten, 1996). Lee Berk, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Loma Linda, ha desarrollado estudios cuidadosamente controlados en los que se demuestra que la risa eleva las concentraciones plasmáticas de cortisol, incrementa la cifra de linfocitos T activados, aumenta el número y la actividad de los linfocitos citotóxicos naturales e incrementa el número de linfocitos T con receptores colaboradores/supresores. En resumen, la risa estimula el sistema inmunitario, superando los efectos inmunosupresores del estrés (Berk, 1989a, b). Esta investigación forma parte del campo en rápida expansión de la psicoinmunoneurología, que define las relaciones comunicativas y las conexiones entre nuestra experiencia emocional y nuestra respuesta inmunitaria mediada por el sistema neurológico (Ader, 1991; Soloman, 1987).

Sabemos que, durante el estrés, la glándula suprarrenal libera corticoides (rápidamente convertidos a cortisol en el torrente sanguíneo) y que la elevación de las concentraciones de cortisol tiene un efecto inmunosupresor. La investigación de Berk demuestra que la risa puede reducir las concentraciones de cortisol y, por tanto, proteger nuestro sistema inmunitario (Berk, 1989a, b).

La risa favorece el incremento del número y la actividad de los linfocitos citotóxicos naturales (NK, natural cell killers). Los linfocitos NK son un tipo de células inmunitarias que atacan a las células virales o cancerosas y no precisan sensibilización para ser letales. Siempre están dispuestas a reconocer y atacar a una célula aberrante o infectada. Ello es particularmente importante en la prevención del cáncer. Las células de nuestro organismo están cambiando y mutando constantemente para producir células potencialmente cancerosas. Un sistema inmunitario intacto puede funcionar adecuadamente movilizando estos linfocitos citotóxicos naturales para destruir las células anormales (Locke, 1984).

Los receptores son importantes como vínculo de comunicación entre el cerebro y el sistema inmunitario. Las emociones pueden desencadenar la liberación de neurotransmisores neuronales en el cerebro. Estas sustancias químicas entran en el torrente sanguíneo y se "enchufan" a los receptores de la superficie de las células inmunitarias. Cuando ello ocurre, la actividad metabólica de la célula puede alterarse en sentido positivo o negativo (Pert et al, 1985; Pert 1997). Muchas células del organismo tienen diferentes receptores de superficie; en esta investigación, son de particular interés los receptores de las células inmunitarias (Berk, 1994; Wooten, 1997).

Otros investigadores han respaldado estas observaciones. Locke, en Harvard, demostró que la actividad de los linfocitos citotóxicos naturales se reducía durante períodos de cambios vitales asociados a perturbaciones emocionales intensas, mientras los individuos con cambios vitales de patrones similares, pero asociados a perturbaciones emocionales menores, presentaban una alteración menos intensa de la actividad de los linfocitos NK (Locke, 1984). En el VA Medical Center en San Diego, en 1987, Irwin observó que la actividad de los linfocitos NK se reducía durante la reacción depresiva a los cambios vitales (Irwin, 1987). En la Ohio State University School of Medicine, Janice y Ronald Glaser estudiaron los patrones de respuesta de la inmunidad celular de los estudiantes de medicina antes de los exámenes. Sus trabajos demostraron una reducción del número de los linfocitos T colaboradores y una disminución de la actividad de los linfocitos NK durante los momentos de suma ansiedad inmediatamente anteriores al examen (Glaser, 1985; Glaser 1987).

La inmunoglobulina A presente en la saliva es nuestra primera línea defensiva frente a la entrada de microorganismos infecciosos a través de las vías respiratorias. En la SUNY, Stone observó que el nivel de respuesta de la inmunoglobulina A salival era inferior los días en que el estado de ánimo era negativo y superior los días en que era positivo (Stone y Dobbin, 1987; Martin, 1985). Esta observación fue rápidamente confirmada por otros investigadores. Dillon, en el Western New England College, observó que los individuos presentaban un incremento de la concentración de IgA salival después de la visión de un vídeo humorístico (Dillon y Baker, 1985); Lefcourt, de la University of Waterloo en Ontario, demostró que los individuos que apreciaban y utilizaban el sentido del humor presentaban elevaciones incluso superiores de la IgA salival después de la visión de un vídeo humorístico (Lefcourt et al, 1990).

Estas investigaciones, efectuadas en los últimos 10 años, contribuyen a una mejor comprensión de la conexión mente-organismo. Las emociones y los estados de ánimo que experimentamos afectan directamente a nuestro sistema inmunitario. El sentido del humor nos permite percibir y apreciar las incongruencias de la vida y proporcionarnos momentos de alegría y deleite. Estas emociones positivas pueden crear cambios neuroquímicos que compensarán los efectos inmunosupresores del estrés.

El Dr. Berk describe lo resultados de sus investigaciones: "Esencialmente, hemos observado que la risa alegre sirve para modular componentes específicos del sistema inmunitario. Por modular entendemos que las sustancias químicas liberadas durante la experiencia emocional de la alegría pueden acoplarse a los receptores de superficie de las células inmunitarias. Esta conexión estimula un cambio de la maquinaria molecular del interior de la célula. Ciertas moléculas específicas, conocidas como inmunorreguladores, son como enchufes que se acoplan a los receptores e incrementan o reducen la actividad de la célula inmunitaria. Una metáfora de la modulación de la actividad inmunitaria es la del director de orquesta. Aunque el director realmente no toca ningún instrumento, influye sobre el tempo, la armonía y el volumen de la música producida por la orquesta. La risa alegre sería como el director de orquesta que potencia la integración sonora y consigue una armonía melódica, mientras las emociones estresantes representan un director de orquesta que consigue sonidos destemplados y disarmónicos. Las emociones, como el director de orquesta, modulan la actividad y la eficacia de las células inmunitarias, aunque no protegen directamente a nuestro organismo de las agresiones o las infecciones" (Wooten, 1997).

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Ultima modificación: 28-04-13  a las  14:24